
¿Para qué sirve una Constitución? ¿Cuál es la función principal y real de una Constitución? ¿Por qué el contenido de una Constitución debe ser conocido y aprobado por todos, desde el betunero hasta el diputado (restituido o suplente)?
Estas preguntas se tornan realmente muy importantes en estos momentos, cuando está próxima la instalación de una Asamblea Constituyente que –entre otras cosas- dictará una nueva Constitución (CE) sobre la cual se ha generado una expectativa muy grande y en la que la esperanza del pueblo recae. Esta nueva CE, supuestamente, traerá por fin los cambios tan necesitados y reales que necesita el Ecuador para convertirse en un auténtico Estado de Democrático de Derecho. A mi juicio, es difícil pensar que la expedición de una nueva CE empezará a construir desde arriba, los cambios necesarios para permitir una transformación integral del modelo seudo-democrático ecuatoriano. Sin embargo, la expedición de una nueva CE es inevitable con la instalación de una Asamblea Constituyente, con lo que ahora se torna muy necesario y urgente saber para qué sirva una CE, en aras de poder redactar nuestra próxima Carta Magna de la mejor manera posible.
La Constitución como Acuerdo Básico.- La CE debe nacer de un consenso general, de un acuerdo básico que permita a una mayoría significativa de los ecuatorianos sentirse parte del mismo. Es por este motivo que las Constituciones no deben ser impuestas, porque generan inmediatamente un rechazo significativo de parte de la población, lo que deriva en su masivo incumplimiento y la consecuente ruptura del orden constituido. Las Constituciones deben ser asumidas y generadas dentro de la fundamental y necesaria convicción de respetar la nueva Constitución, de respetar las nuevas reglas del “juego” –si cabe tan atrevida analogía-, y de utilizarla como fundamento del Estado mismo.
Haciendo un descriptivo símil, si nos sentamos 5 personas a jugar un juego de mesa, antes de empezar a jugarlo, debemos todos ponernos de acuerdo sobre las reglas básicas del mismo. Por ejemplo: ¿quién tira los dados primero? ¿Qué fichas o que colores va a utilizar cada jugador? o ¿En qué sentido van continuar los sucesivos turnos, ya sea en sentido de las manecillas del reloj o en sentido contrario? Esa analogía podemos trasportarla –con mucha más envergadura, complejidad e importancia- a un proceso constituyente y reconocer ciertos símiles. Por ejemplo, los 5 jugadores que se ponen de acuerdo con las reglas básicas del juego, son los constituyentes y esas reglas básicas del juego son la Constitución misma. Entonces, si una parte significativa de los 5 jugadores no está de acuerdo con las reglas del juego –autoimpuestas- no las respetarán y las incumplirán. De ahí que la CE deba erigirse como un Acuerdo Básico que provenga de un consenso general de todos los “jugadores”.
La Constitución como instrumento de control del poder.- Al establecer las reglas básicas del “juego” la CE elabora un marco jurídico general, estable y permanente, que reconoce los derechos de los ciudadanos y delimita las funciones del Estado y su papel en la sociedad. Esto permite a los ciudadanos, conocer plenamente cuales son nuestros derechos, nuestros deberes y cuales son las potestades que, fruto del consenso social básico, hemos otorgado al Estado. Este conocimiento de las reglas básicas del “juego” –siguiendo con la atrevida analogía-, nos permite controlar a los otros jugadores (Estado y otros ciudadanos) y saber cuando sus actuaciones no están de acuerdo con las reglas impuestas por todos. Es por esto que la Constitución, en los sistemas democráticos modernos, es el instrumento principal de control del poder y de la lucha contra la arbitrariedad. Además, la CE es instrumento de reparto del poder, al establecer en ella misma el sistema de distribución de poderes que permite el funcionamiento del sistema de pesos y contrapesos entre los poderes del Estado - piedra angular donde se asientan los modernos sistemas democráticos- lo que evita la concentración del poder y la arbitrariedad.
La Constitución como competencia de competencias.- Como dijimos anteriormente, la CE establece el marco jurídico general, sobre el cual el Estado puede ejercer sus poderes para satisfacer el interés general. Este marco jurídico, debe ser concebido como límite de la actuación estatal, pero al mismo tiempo como fundamento del poder. Es decir, la Constitución traza el camino por el cual el Estado puede transitar en la vida pública. Todas las potestades del Estado encuentran su origen en la CE y son posteriormente desarrolladas por el poder Legislativo, como expresión de la soberanía del pueblo. En otras palabras, la CE o Acuerdo Básico, traza los caminos principales de la actuación estatal para que posteriormente los poderes constituidos la desarrollen libremente, siempre dentro de los límites por ella impuesta. Por eso decimos que la CE es competencia de competencias, porque todas las competencias del Estado nacen exclusivamente de la expresa atribución de las mismas en la CE y no de antojos particulares del caudillo de turno.
Entonces, ¿para qué sirve una Constitución? Una Constitución sirve para establecer las reglas básicas de la vida en sociedad. Sirve para reconocer derechos y establecer obligaciones para los ciudadanos. Sirve para delimitar el papel y las funciones del Estado. Sirve como instrumento de unidad política del Estado. Sirve para controlar al Estado y evitar el abuso y la arbitrariedad. Una Constitución sirve para unir, para cohesionar, para fusionar a toda una sociedad bajo unas reglas del juego que permitan avanzar en conjunto en pro de un futuro común de progreso, paz y prosperidad. Asimismo, una CE mal concebida, producto de la imposición y que responda a modelos ideológicos cerrados, puede servir de instrumento de opresión o, peor aún, puede que no nos sirva para nada. |