
La venidera Asamblea Constituyente está generando en nuestra sociedad controversia, duda y desconcierto. Tal es la sensación que llega también desde un Estatuto para muchos caduco e incompleto, lleno de inconsistencias y propenso a interpretaciones erróneas.
Tal podría ser la situación cuando se nos habla del período de vigencia de la Asamblea establecido en el Estatuto, ciento ochenta días con una prorroga de sesenta.
Dicho texto en ninguna parte estipula ¿Qué pasaría si al finalizar este plazo la Constituyente no resuelve o concluye nada?
Así el caso de nuestra vecina Bolivia, cuyo gobierno “socialista del siglo XXI” sólo ha traído estragos y descontento a su población, donde la Asamblea Constituyente instaurada hace más de nueve meses no ha logrado, hasta la fecha, resolver ni un solo artículo de su nueva constitución (todo lleva a pensar que para el momento en que la redacten lo de “nueva” será pretérito).
Retomando nuestra situación, el contenido del Estatuto para la Asamblea Constituyente es sutilmente “silencioso” al igual que la pregunta de la consulta pasada sobre facultar a la Asamblea para que reforme el marco institucional del Estado, ¿A que se refirió específicamente con lo de la reforma del marco institucional? Quien lo tenga claro que levante la mano...
Considerando la serie de atropellos de las funciones entre los distintos organismos y poderes del Estado, esta indefinición, se torna peligrosa pues notoriamente generará un campo de interpretación muy amplio y riesgoso a merced de los integrantes asambleístas (corriendo el riesgo de repetir el ridículo desfile de discursos floreados atorados de dogmas y utopías para adjudicarse curules).
Si sumamos al peligro de lo antes mencionado la ignorancia e incapacidad de comprender la información pública o periodística de un gran sector de nuestra población, el resultado puede llegar a provocar, mediante proceso “democrático”, cambios estructurales en nuestra legislación (para bien o mal).
Por ejemplo, no vayamos a despertar un día con una modificación en nuestra legislación en donde se instaure la propiedad comunal. Con esto me refiero a la probabilidad de que en nuestras casas con habitaciones disponibles se alojen personas que no conozcamos. Dejando de lado las diferencias sociales en las que vivimos, nosotros no habitamos una casa para convivir con gente que no conocemos y no sabemos de donde vienen. Bien está que queramos aplicar principios de igualdad para todos pero esta no es una forma de aplicación aceptable.
Indagando sobre cuan democrático puede llegar a ser un proceso en nuestro país, nuestra política se encuentra desenfocada de la realidad social, cumpliendo con la satisfacción de intereses personales de caudillos populares demagogos más no la de quienes los eligieron para estar donde están. Y es así como la necesidad de cambio de la gente no tiene representación ni quien la ejecute, y esta Asamblea podría no ser la excepción. Por eso cabe preguntarnos ¿Que queda de “democrático” en la Asamblea? ¿Nuestra participación en las urnas?..NO, nuestra democracia no puede limitarse a sufragar, debe participar no solamente en la organización del poder público, sino también en su ejercicio y control perenne para de esta forma gobernar en un sistema más participativo donde todos formemos parte y no se permitan exclusiones o manipulaciones en el manejo de la cosa pública.
Es así como debemos tener cuidado entonces con los “sigilosos silencios” ocultos en los textos que nos ponen en conocimiento, ya que dichos textos son grietas por donde se escurrirían nuestra confianza y esperanza de cambio. |