La crisis política por la que atraviesa actualmente el Ecuador, probablemente es una de las más fuertes de los últimos años. El caos y la incertidumbre han pasado a ser, de meras predicciones, realidades reinantes en la vida de cada ciudadano.
Las mentiras y el escándalo ocupan los primeros lugares de preferencia para los políticos. Los poderes del Estado, que debieran destacarse por su independencia y autonomía, se encuentran sumergidos en una lucha sin fin, en donde predominan negativos factores, tales como la manipulación por parte de partidos políticos, ansias de poder, el irrespeto a los derechos fundamentales, venganzas políticas, pero sobre todo, predominan los peores males en los que puede caer la dignidad humana: la ignorancia y la vergüenza.
Ante este trágico y preocupante episodio, me pregunto – al igual que muchos –: ¿Dónde está el Presidente? El Jefe de Estado, se ha convertido para muchos “creyentes”, en la salvación para todos los problemas que afronta el país, que viene “armado” con su famoso, pero tan infundamentado proyecto de Asamblea Constituyente de plenos poderes. Sin embargo, ¿Están los ecuatorianos concientes de lo que significan los plenos poderes?
El Presidente de la República, habiendo sido electo por los ecuatorianos para ser el conductor y estabilizador de nuestra democracia, no ha hecho uso de ninguna de sus capacidades de estadista para tratar de sanar esta crisis que nos agobia, sino más bien, continúa haciendo gala de su dominio de la tarima en concentraciones políticas y expresándose con arrogancia y prepotencia en contra de sus opositores. ¿Hacia dónde quiere llegar? ¿Quiere acumular poderes? ¿Continuamos en campaña política? ¿O es acaso una estrategia adherida a su proyecto de Asamblea? No lo sabemos con certeza, pero evidentemente, es muy reprochable su actitud.
No se puede aceptar, bajo ningún concepto, que el Presidente, haciendo honores a la canción “Patria”, caiga en situaciones tan bochornosas como continuar desvalorizando al congreso, etiquetando a las personas de acuerdo al lugar de su residencia, o catalogando de “fuerzas vivas” a quienes luchamos por nuestra ciudad y queremos hacer patria en verdad. Estas situaciones lo único que logran es agravar aún más la crisis, aumentan el caos y la desesperación en los ecuatorianos, y por lo tanto merecen el rechazo inmediato por parte de la ciudadanía. Ya lo dijo Rousseau, “Las injurias son los argumentos de que se valen los que no tienen razón”.
"El Presidente de la República, habiendo sido electo por los ecuatorianos para ser el conductor y estabilizador de nuestra democracia, no ha hecho uso de ninguna de sus capacidades de estadista para tratar de sanar esta crisis que nos agobia,..."
Es tiempo de cambio, señor Presidente, no de injurias, prepotencia, ni arrogancia. Es tiempo de asumir realmente su presidencia, haciéndolo de una manera responsable y eficaz. Es tiempo de acudir al llamado de los ecuatorianos que deseamos luchar por una Patria libre y soberana en la que se respeten nuestros derechos fundamentales.
“Las injurias son los argumentos de que se valen los que no tienen razón”.
Es tiempo de introducirse en el medio político como ese personaje mediador y conciliador en búsqueda de la paz y progreso que todos anhelamos, y no como ese gran superhéroe cargado de fantasía y demagogia. |