Generalmente las decisiones que las personas adoptan en sus vidas, sean estas trascendentales o no, van acompañadas al menos de un mínimo de conocimiento previo. Así, el contraer matrimonio, el adoptar una religión, el comprar en el mercado un pilo de tomates o un atado de cangrejos, exige conocer previamente las personas o los productos.
Muchas de nuestras decisiones tienen efectos únicamente en un ámbito reducido o limitado. Se limitan a nuestro hogar, nuestra familia o nuestros amigos.
Sin embargo, existen decisiones que siendo personales, inciden en toda la sociedad y por ello es una cuestión de gran responsabilidad meditar y analizar muy bien el tipo de decisión que en esos casos se va a adoptar.
Los ecuatorianos estamos próximos a adoptar una decisión individual que incidirá profundamente en nuestro futuro personal y en el futuro de la nación. El domingo 15 de abril, decidiremos si estamos a favor o no de la realización de una Asamblea Constituyente.
La decisión que deberemos adoptar debe basarse en el conocimiento previo de lo que incidirá no únicamente sobre nuestro círculo íntimo, sino sobre todo el Ecuador.
Si incluso cuando compramos tomates o cangrejos previamente palpamos el producto para saber si está bueno o no, es innegable que decidir si votamos sí o no en una consulta, tarea mucho más importante que escoger tomates o cangrejos, debemos previamente conocer cuál es el total alcance de lo que decidiremos.
Revisando la convocatoria a consulta popular, he encontrado que los ecuatorianos deberemos contestar sí o no a lo siguiente:
¿Aprueba usted, que se convoque e instale una Asamblea Constituyente con plenos poderes de conformidad con el Estatuto Electoral que se adjunta, para que transforme el marco institucional del Estado y elabore una nueva Constitución?
Después de haber leído dicho Estatuto reconozco que me parece un texto jurídico complicado, que no he entendido completamente, y escrito para especialistas.
Los ecuatorianos estamos próximos a adoptar una decisión individual que incidirá profundamente en nuestro futuro personal y en el futuro de la nación.
El día domingo, cuando vote, tampoco lo voy entender completamente, porque en ese momento el tiempo será insuficiente.
Si la mayor parte de los electores no conocemos ni entendemos el Estatuto Electoral, ni el alcance de una Asamblea Constituyente, ¿Cómo podemos saber si estamos o no de acuerdo en que se haga una nueva Constitución y cómo podemos saber si estamos de acuerdo en que se transforme el marco institucional del Estado de conformidad con un Estatuto Electoral que no se ha leído, estudiado ni comprendido por completo?
Por esa razón anularé mi voto. Creo que tal como está concebida la consulta del 15 de abril, se trata de un fraude democrático con el que por supuesto no estoy de acuerdo.
No se puede jugar con la democracia de esta forma. Por ello debemos exigir transparencia por parte del Gobierno y que nos indique exactamente cuál es el cambio que propone. |