La cúpula demócrata en el Congreso estadounidense nos viene relatando una sugerente fábula sobre la “ansiedad” que están sufriendo los americanos por culpa del comercio y la globalización. Nos someten continuamente a una lluvia de exageración y datos tergiversados sobre la relación entre el aumento de las importaciones, la pérdida de puestos de trabajo y el crecimiento económico.
En días anteriores, la Presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, junto a otros líderes demócratas, elevaron un enérgico reclamo ante la Casa Blanca, condenando sus políticas en materia de comercio exterior. Denunciaron el insostenible desequilibrio en la balanza comercial estadounidense en términos muy crudos: “Las consecuencias de el masivo y persistente déficit comercial no sólo incluye negocios cerrados, trabajadores despedidos, menor capacidad adquisitiva y una creciente inequidad, sino también una permanente devastación de nuestras comunidades.” Sin duda una acusación demáxima gravedad –aunque completamente falsa–.
Es preocupante que el director del Comité de Medios y Arbitrios, Charles Rancel, responsable de moldear la agenda comercial parlamentaria durante los siguientes dos años –como mínimo–, haya aceptado firmar el documento que contiene estas aseveraciones. La lógica de aquellos parlamentarios es que las exportaciones son puntos a favor y las importaciones son puntos en contra, la balanza comercial sería poco más que un marcador de resultados. Como Estados Unidos mantiene un creciente déficit comercial, sostienen que estamos “perdiendo en el juego del intercambio mundial”. Según señalan, la razón primordial de la derrota sería que nuestros socios comerciales (China, Unión Europea, Japón, etc.) están haciendo trampa, frente a la pasmosa indiferencia de la administración Bush. Por ello, sería necesario exigir de las otras naciones el “estricto cumplimiento” de los términos acordados en los distintos acuerdos de libre comercio.
La posición demócrata no es consecuente con la realidad. Nuestra balanza de intercambio ha mantenido un déficit creciente no sólo durante el último año, sino también durante la última década y por más de un cuarto de siglo. Nuestra economía se ha expandido durante todo ese tiempo. Desde 1981, se han creado cerca de 1.8
millones de nuevos empleos cada año. No existe relación inversamente proporcional entre el nivel de importaciones y la creación de nuevas plazas laborales. Las importaciones, además, son cruciales para la economía de los Estados Unidos; crean competencia, lo cual hace que las empresas sean más innovadoras y productivas. Además, mantienen los precios más bajos, elevando el poder adquisitivo de la población y estirando el presupuesto familiar.
Las industrias norteamericanas dependen en gran medida de bienes importados y materia prima. Casi la mitad de los bienes que ingresan al territorio están destinados a la industria. De acuerdo con mi colega del Instituto Cato, Dan Griswold, precisamente durante los periodos en que el Producto Interior Bruto se contrae es cuando el déficit comercial declina. En cambio, cuando el PIB se expande, el déficit comercial tiende a crecer en cercana proporción. Ello sucede porque el incremento de las importaciones se relaciona con el auge de la actividad productiva, presupuesto básico para la creación de puestos de trabajo.
Durante el 2006, la economía estadounidense creció en un 3.4 por ciento, se crearon dos millones de plazas de trabajo, dicho año cerró con una tasa de desempleo del 4.5 por ciento. El acrecentamiento de comercio exterior ha sido un importante factor en el auge económico de la nación. ¿Qué es lo que quiere Nancy Pelosi? La bancada progresista señala a la República Popular China, Japón y Europa como responsables de nuestro deficiente comercial, debido, según dicen, a sus “numerosas barreras comerciales y prácticas desleales.”
La solución propuesta es incrementar las exportaciones hacia aquellas regiones, derribando los mencionados obstáculos. No obstante, los datos de la Oficina de Censo demuestran que el crecimiento de las exportaciones estadounidenses fue sensacional durante el 2006, reportando un alza del 14.5 por ciento (mientras las importaciones subieron sólo en un 10.8 %).
Las exportaciones al Viejo Continente crecieron en un 15 por ciento; hacia el Dragón de Asia, el aumento fue del 32 por ciento; a la potencia nipona, un tímido pero favorable 7.5 porciento. Desde 2001, las exportaciones estadounidenses han aumentado en 42 puntos porcentuales.
No existe ninguna razón de peso para cambiar de curso en la política comercial americana.
Es fundamental que la oposición demócrata incentive un debate honesto acerca de la relación entre comercio, puestos de trabajo y crecimiento, evitando que los tecnócratas estatales se vean tentados a tomar medidas de corte populista, ruinosas para la economía.
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