El Ecuador es un Estado de derecho y por tanto, en un Estado democrático, el Congreso Nacional permite la representación plural y nacional, es decir, la integración de la voluntad de la sociedad, que se manifiesta al momento en que cada ciudadano ejerce sus derechos políticos, a través del sufragio.
En un Estado de derecho, el Poder Legislativo o Congreso Nacional, es uno de los poderes más importantes, una de cuyas principales funciones es la de expedir, reformar y derogar las leyes e interpretarlas con carácter generalmente obligatorio. Sin Congreso Nacional, las leyes serían dictadas únicamente por el Presidente de la República, cuya voluntad sería entonces omnímoda y proclive al autoritarismo, sin que exista lugar a la obtención de consensos entre las diversas posturas ideológicas y visiones que la gente tiene sobre la vida.
En un Estado de derecho, el Poder Legislativo o Congreso Nacional, es uno de los poderes más importantes.
En el Congreso Nacional los representantes de la sociedad exponen y defienden sus teorías políticas, filosóficas y económicas. Representan tendencias de la gente, opiniones, sentimientos. Por ello es una institución que no puede faltar en la estructura jurídica y política de un Estado. Otra cosa muy distinta es que las funciones que deben cumplir no sean las adecuadas, en mucho por la falta de preparación de las personas que integran el Congreso, así como por situaciones absurdas tales como el tener que obedecer a los dueños de los Partidos Políticos.
...lo que debe cambiar es la calidad de gente que se convierte en congresista.
Es lamentable, que en la actualidad el Congreso Nacional no cumpla a cabalidad todas las funciones para la cuales ha sido creado, sino que quienes lo integran más bien se dedican a realizar actos bochornosos que avergüenzan a todo el país. Esta conducta ha causado el repudio nacional. Es decepcionante también que las mafias políticas o las dichosas mayorías móviles sólo vean sus intereses y no los de la sociedad y que en lugar de trabajar para satisfacer las necesidades de la gente que los eligió, sólo vivan obstaculizando el funcionamiento de la democracia. A los diputados la gente les entregó y delegó el poder para que actúen acorde a las necesidades del país, que aspira mejores días, que requiere trabajo, que demanda atención en la salud pública, que suplica una mejor educación. Pero no, en la realidad traicionan a la gente, pactan a escondidas y con ello desprestigian a la institución.
Pero a pesar de todos los problemas y la grave crisis que vive el país, el diálogo se impone, junto con el respeto a las leyes para así frenar cualquier intento totalitario. Y se impone un espíritu de unidad nacional para superar la tormenta jurídica en la que cualquiera opina y en la que la ley se interpreta de cualquier manera.
Por ello, no creo que el Congreso Nacional deba cerrarse. Creo que lo que debe cambiar es la calidad de gente que se convierte en congresista. |