<%@LANGUAGE="VBSCRIPT" CODEPAGE="1252"%> <%= tit_hes %>
Año 1 - Número 3 - Marzo de 2007 - Guayaquil, Ecuador
Regresar al inicio
¿ SON DISTINTOS LOS SOCIALISTAS CHILENOS ?
María Cecilia Cifuentes Hurtado
• Magíster en Economía por la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.
• Profesora Investigadora en áreas de Macroeconomía de la Universidad de Los Andes.
Sin lugar a dudas, Chile constituye la principal historia de éxito económico del continente. En los últimos diecisiete años, América Latina registró una tasa de crecimiento promedio del PIB de 2.9%, mientras que Chile creció a casi el doble de esa tasa, a un 5.2%. La economía ecuatoriana registró un comportamiento relativamente peor en ese período, con un crecimiento promedio de 2.6%. Durante todo ese período Chile ha sido gobernado por una coalición de centro-izquierda, que heredó un esquema económico e institucional que normalmente se asocia con gobiernos de centro derecha. En lo económico, un esquema de políticas neoliberales, respaldado por un orden institucional centrado en el resguardo de los derechos de propiedad y en la libertad de emprender.

¿Por qué la izquierda chilena aceptó, y en algunos campos profundizó, este esquema neoliberal? ¿Son distintos los socialistas chilenos a sus pares del resto de la región? ¿Son estas diferencias lo que explica el éxito de Chile relativo a la región? Sobre las respuestas a estas preguntas existen diferentes tesis, y la mía en particular es que no es tarea fácil emular el proceso chileno para el resto de la región. Esto porque la historia no se resume exclusivamente en los diecisiete años de la Concertación, sino que, necesariamente debe considerar los diecisiete anteriores años del gobierno militar. Es interesante mencionar que antes de ese gobierno los resultados de Chile en el contexto de América Latina dejaban bastante que desear. Durante el período 1950 – 1970 (para dejar fuera el desastroso gobierno de la Unidad Popular en Chile), el país creció a una tasa promedio de 4.1%, mientras que la cifra para la región fue de 5.2%, esto a pesar de que ese fue un período notoriamente positivo para Chile en su relación de términos de intercambio.

En ese lapso, Ecuador creció al promedio de la región. El gobierno militar emprendió una transformación muy profunda del país, no sólo en los aspectos económicos, sino también, y

de gran importancia, en los institucionales. Las reformas implementadas en todos los ámbitos significaban un cambio muy radical en la estructura productiva, lo que inevitablemente tiene costos de ajustes significativos.

Fueron años muy difíciles para el país, en que además hubo que enfrentar dos crisis globales. Chile fue el país más afectado de la región por la Crisis de la Deuda, en 1982. A pesar de eso, entre 1984 y 1989, la recuperación chilena dejó muy atrás a la región, con un crecimiento promedio de 6%, mientras que América Latina se expandió un magro 2.5% ¿Qué ocurrió? En Chile se profundizaron las reformas, y se empezaron a recibir los frutos de las radicales transformaciones anteriores.

¿Tienen mérito los socialistas chilenos en esta historia de éxito? Indudablemente que sí, aunque no es sólo de ellos, sino de la clase política chilena en general. El principal mérito es haber mantenido, y en algunos aspectos profundizado, el esquema vigente. El sólo retorno a la democracia también tuvo una parte en la historia, ya que en general el riesgo soberano es inferior en un contexto de mayor libertad política. La coalición gobernante en Chile ha profundizado la apertura comercial, ha ampliado el ámbito de acción del sector privado en la infraestructura, ha perfeccionado el funcionamiento del mercado de capitales, y ha implementado una política fiscal responsable.

Durante estos diecisiete años, además, se ha perfeccionado el manejo monetario, en un contexto de independencia y creciente credibilidad del Banco Central. Sin embargo, los costos políticos de estas modernizaciones adicionales han sido insignificantes en relación a los que hubo que pagar antes. La parte más dura ya estaba hecha.

De todas formas, el esquema en lo esencial se mantuvo, lo que podría llevar a pensar que efectivamente los socialistas chilenos son “menos socialistas” que los del resto de la región. Mi impresión es que no lo son, y de hecho en el gobierno actual se hace cada vez más patente la prioridad que se le asigna a la “equidad” sobre el objetivo de crecimiento. En conjunto con la implementación de reformas modernizadoras adicionales, se ha ido paulatinamente incrementando el rol del Estado, especialmente en aspectos regulatorios. Estas presiones no han sido en vano, y de hecho el énfasis principal del actual gobierno es mejorar la protección social (el Estado te acompaña “de la cuna a la tumba”). Los efectos de esta creciente intervención del Estado no han sido menores, lo que se ha reflejado en una importante caída del crecimiento potencial.

En 2006 la economía chilena creció cerca de un 4%, bastante por debajo del promedio de la región, de 5.3%, a pesar de haber registrado el mayor aumento de términos de intercambio de toda América Latina, Venezuela incluido. Empieza a parecer un hecho que el crecimiento de tendencia se encuentra más cercano a un 4% que a un 5%, lo que no difiere en gran medida de lo que ha sido el promedio histórico, exceptuando el periodo de grandes transformaciones, entre 1984 y 1997.

¿Cuál es la moraleja para el resto de la región? El crecimiento no se da por milagro, es fruto de incentivar al máximo la libertad individual en un contexto de estabilidad institucional. América Latina no tiene una situación muy positiva en este aspecto.

Existe un potencial de crecimiento elevado para la región, al igual como lo tuvo Chile, pero se debe pagar el costo de enfrentar a los grupos de presión y lograr cambios, a veces bastante radicales, en las estructuras productivas. Sólo verdaderos estadistas pueden emprender las tareas pendientes, y ese perfil parece escasear en nuestros países, Chile incluido