Desde hace tiempo, las profundas quiebras que han desnaturalizado la izquierda ideológica han traído consigo grandes contradicciones que asolan hoy esta posición política, convertida en no pocas latitudes al más feroz consumismo y al dominio de la eficacia y la técnica sobre los valores humanos.
Buena prueba de esta profunda crisis que afecta al propio nervio de la izquierda la encontramos, por ejemplo, en el creciente interés de algunos líderes de la izquierda por algunas de las más hedonistas manifestaciones del individualismo insolidario como el aborto, la eutanasia, la experimentación o la clonación con embriones.
¿Dónde está la repulsa de la izquierda, por ejemplo, frente a los más penosos casos de laminación de la laminación de la dignidad de las mujeres en nombre de la diversidad cultural?, ¿Dónde está la repulsa de la izquierda frente a los fenómenos de marginación y exclusión social que provoca este capitalismo salvaje en el que vale todo? ¿Dónde está la crítica intelectual de la izquierda a esa mentalidad autoritaria y dogmática que se resume en la dictadura de lo políticamente correcto?
Hace poco, el profesor Ernesto GALLI DELLA LOGGIA escribía en el Corriere della Sera unas palabras que recojo para los lectores porque me parecen atinadas y, sobre todo valientes. En concreto, el intelectual italiano se pregunta “si es posible hoy pararse en el viejo principio decimonónico que quería que se reservase a la libre elección individual todo lo que no acarreaba daño a otros individuos. Es significativo que en la Italia de hoy haya que plantear esas preguntas precisamente a hombres y mujeres procedentes de una tradición -la de la izquierda- que ha criticado siempre el individualismo, inclinándose por dar espacio a la dimensión del interés colectivo. Eso muestra la profunda transformación cultural de esa tradición, actualmente cada vez más dispuesta a identificarse con un libertarismo fundado en la absoluta subjetividad de los estilos de vida y por eso incapaz de soportar cualquier vinculación social e histórica”.
En España, el socialismo, al menos el oficial, el que gobierna, es un buen ejemplo de esta dimensión libertaria, profundamente insolidaria que caracteriza esta caricatura de la izquierda, más pendiente del poder que de los problemas reales del pueblo.
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