El tiempo en el chaco pasa sin prisa y en silencio. La libertad allí pertenece sólo a los guyras, es decir, a los pájaros. El cautiverio guaraní es innegable, constante y hereditario. Y es que la esclavitud en el chaco boliviano se extiende a todos: las niñas empiezan trabajando como empleadas domésticas de las haciendas y una vez adultas asumen el puesto de cocineras, mientras que los niños cuidan animales, protegen las propiedades del hacendado y trabajan la tierra, tierra que les es suya y a la vez extraña.
Desde sus orígenes los guaraníes han necesitado -para sobrevivir- una relación íntima con la tierra, procurando una reciprocidad entre la naturaleza y el desarrollo de su cultura. Sin embargo, como en varias entrevistas lo expresan ellos mismos, las hectáreas del chaco son asignadas, por los hacendados y autoridades, en razón de las cabezas de ganado y no en beneficio de los guaraníes. En la parte oriental y sudoriental de los departamentos de Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca, hay más de 1.049 familias sometidas a servidumbre, forma contemporánea de la esclavitud, según la Organización de las Naciones Unidas.
Los guaraníes trabajan sin pago la mayoría de las ocasiones, otras veces reciben ropa y zapatos como "adelanto" de una remuneración que nunca llega, y sólo en pocas oportunidades perciben un salario equivalente a 15 pesos para los hombres y 7.5 pesos para las mujeres, en vista de que la labor de ellas se "equipara" únicamente a la mitad de una jornada masculina. La violenta oposición de los hacendados y terratenientes -la mayor parte de ellos ganaderos medianos y pequeños agricultores- ha puesto en evidencia una herida mayor de la que dan cuenta libros e investigaciones desde los años 80, respecto de la historia guaraní: en Bolivia la servidumbre es una práctica vigente.
El acceso a la eduación para estas familias, especialmente para los niños, es un sueño prohibido, sobretodo si empieza la cosecha de maní en la zona. En esos días, los guaraníes menores de 12 años dedican sus días a trabajar la siembra del "patrón". Entre esos niños, evidentemente, hay algunos de razgos distintos: piel blanca y ojos claros. Son hijos de los hacendados y su madre es guaraní. No nacen precisamente de una historia de amor: a las mujeres guaraníes más jóvenes las tienen para iniciar (sexualmente) a los hijos de los patrones. Otros niños permanecen con los hacendados por supuestos nexos de padrinazgo, debiendo agradecer la "crianza" con su trabajo como mozos de la casa.
Si queremos datos históricos que ubiquen a los guaraníes en el chaco boliviano y bajo el yugo de los hacendados, un referente es la matanza de Kuruyuki (en las poblaciones cruceñas de Ivo y Cuevo) en 1892, en la que murieron casi 1.000 guaraníes en manos del ejército, y dió lugar a un incremento indeterminado de haciendas con peones cautivos.
Combès, autora de "Etnohistorias del Isoso: chané y chiriguanos en el Chaco boliviano", asegura que el cautiverio en las haciendas desapareció en varias zonas como consecuencia de la Guerra del Chaco (1932-1935), entre Bolivia y Paraguay. Las propiedades colapsaron, los patrones abandonaron sus haciendas y los guaraníes permanecieron como comunidades de la zona. Sin embargo, las regiones como Ingre, Huacareta y Alto Parapetí continuaron dentro de relaciones sociales que no se modificaron desde 1850. En 1957 se intentó aplicar en el Chaco la reforma agraria dictada en 1953 por el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario, pero los impulsores de ésta fueron asesinados por los patrones, muriendo con ellos el ideal de la reforma y consolidándose las haciendas.
La porción boliviana del Chaco sudamericano tiene una extensión de 127.755 kilómetros cuadrados y una población de 300.000 habitantes, de los cuales aproximadamente el 20% forma parte del pueblo guaraní, según lo establece el Yasarekomo (Despertar), documento sobre comunicación indígena publicado en el 2004 por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
La libertad es un término inexistente en el léxico de los guaraníes y el querer vivir iyambae (sin dueño) es casi un deseo desterrado. En el chaco boliviano existen hombres, niños y mujeres que han olvidado su edad y apellido iremediablemente, han limitado su existencia a servir y tienen una concepción de la indolencia que nosotros, ni imaginamos, pues los patrones a cambio de "brindar" trabajo mantienen en su poder los papeles de identificación de los hijos de los guaraníes y ejercen control sobre la distribución de ellos, enviándolos a trabajar en las haciendas de sus hijos o parientes.
La servidumbre basada en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo familiar es una realidad latente en el chaco boliviano, realidad que no puede serle indiferente a los países de la región y que requiere de la intervención inmediata de todos quiénes promueven la libertad como derecho fundamental de los seres humanos. La visita de la CIDH a la zona del chaco, del 9 al 13 de junio, evidencia la crisis de Bolivia y pone en manifiesto la necesidad de atención regional del país.
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