Recientemente, hemos tenido la ocasión de conocer una encuesta del CIS sobre la jornada laboral en España que plantea serias dudas sobre la realidad de la conciliación laboral y familiar entre nosotros. Los datos son los que son y nos dicen que casi el 50 % de los trabajadores, el 44,7 % para ser más exactos, prolonga la jornada laboral de forma sistemática. Además, según la encuesta, 6 de cada diez personas preguntadas reconocen que preferirían evitarlo.
La encuesta también señala que esta preocupante situación es la causa de la desestructuración de la familia, de los numerosos episodios de estrés y angustias que hacen mella en no pocos trabajadores así como en el elevado fracaso escolar de nuestro sistema educativo. Bien sabemos que la salud social mucho tiene que ver con la estabilidad familiar y con el deseable ambiente de normalidad necesario para la realización personal en una perspectiva solidaria. Si no hay tiempo para dedicarse a la familia y colaborar en la solución de tantos problemas sociales cómo vemos a nuestro alrededor algo grave pasa que debe analizarse.
Quizás el problema radique en que las jornadas y los horarios laborales en España no están pensados en función de la persona. Quizás el problema radique en que pensamos que el éxito profesional esté en función del número de horas que dedicamos a nuestro trabajo profesional. Sin embargo, los datos también enseñan que los países que promueven la conciliación obtienen mayores cuotas de productividad.
La cuestión puede plantearse en términos cualitativos más que en consideraciones cuantitativas. Si los horarios laborales se diseñan en función de la realidad integral de las personas en lugar de atender solamente a la dimensión profesional, podemos avanzar mucho puesto que la realización personal tiene evidentes connotaciones de orden familiar y de orden social. La familia es hoy una institución que se debe potenciar desde los poderes públicos, no sólo porque existe un mandato explícito a los poderes públicos en el artículo 39 de la Constitución, sino porque sigue siendo el marco más adecuado para el ejercicio de las cualidades cívicas. Además, las personas necesitamos también tiempo para colaborar a la construcción de la deliberación pública, para involucrarnos en tareas de voluntariado social y en cualesquiera otra iniciativa de naturaleza social que ennoblecen el temple democrático de un país.
La encuesta del CIS tiene la virtualidad de mostrar un problema real. Ahora, de lo que se trata es de trabajar sobre las causas de la falta de conciliación para intentar mejorar las condiciones y la calidad de vida de las personas. Para ello, es menester aplicarse con generosidad en los postulados del pensamiento abierto, plural, dinámico y complementario pues ya sabemos las consecuencias que trae consigo una perspectiva unilateral del trabajo que olvida dimensiones sustanciales de la condición humana que permiten construir una sociedad más humana y más próspera. El paso dado por la Administración del Estado, sino se queda en retórica, ha de animar a otras sectores laborales a fomentar y facilitar de verdad esta necesaria conciliación que, si se hace bien, redundará en el bienestar de todos y en una mejora de nuestros índices de competitividad. |