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Año 2 - Número 17 - Mayo de 2008 - Guayaquil, Ecuador
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Por: Luis Sánchez Baquerizo
Especialista en Derecho Constitucional y Derecho Humanos por la Universidad de Palermo.

EL “TRAIDOR” CHE GUEVARA, FORJADOR DE ACCIONES “HEROICAS”

El heroísmo y la traición son términos emotivos que predisponen sentimentalmente al receptor (oyente, lector), pues las acciones que estas expresiones denotan son de una ambigüedad al máximo, tratan de una cuestión excesivamente subjetiva y de una importancia trascendental para la fundación de una sociedad, para la significación colectiva. La reacción de una comunidad ante la presencia de un traidor determinará su sentido, su identidad. Nos sentimos parte de una comunidad cuando todo aquello que compartimos es valorado, como ciertos derechos fundamentales, o mínimos de decencia. Cuando se viola uno de estos derechos nos vemos impulsados a rebelarnos, pudiendo incluso, llegar a la situación extrema de disolver el vínculo comunitario.

Un ataque contra nuestros valores nos genera una reacción de rechazo, es por ello que buscamos imponer severos castigos a quien perpetró dicho ataque, como ejemplo o precedente para desincentivar futuras traiciones. En la edad media los delitos más graves se consideraban una afrenta contra el monarca (lesa majestad), así los cuerpos inertes de los criminales eran expuestos por varios días en la plaza pública, como señal de advertencia.     

Me remito a las ideas del maestro argentino Jorge L. Borges, quien, de forma brillante, describió las inconsistencias de los términos calificativos de heroísmo o traición. En su obra “Ficciones” encontramos el cuento  “Del Traidor y del Héroe”. El autor sostiene que no hay distinción entre las acciones realizadas por el uno (héroe) y el otro (traidor), no existe una diferencia cualitativa que demuestre la correción de la conducta del héroe y la incorrección de la conducta del traidor, sino que la divergencia de nuestra perspectiva reside en el resultado de la empresa que ambos llevan a cabo. En dicho cuento, Kilpatrick, el personaje principal, líder del movimiento rebelde de Irlanda, ordenó a uno de sus secuaces la búsqueda de un presunto traidor dentro del grupo. James Nolan descubrió que el traidor era el mismo líder rebelde, aquello produjo la elaboración de un plan que hiciera de su condena a muerte un incentivo que sirva como detonante de la revolución. En el cuento, Kilpatrick para la historia nacional de Irlanda es un héroe; no obstante, en realidad, como lo descubre tiempo después Ryan, el redactor de la biografía del héroe, fue un traidor.

Como ejemplo ilustrativo, describiré lo que con seguridad hubiera pasado si Bolívar hubiese sido derrotado por el ejército borbónico: no tendríamos monumentos, ni estructuras, ni un país ni una moneda corriente con su apellido, quizás estaría catalogado en los libros de historia como un judas o algo por el estilo. De hecho, en la actualidad, para algunos sectores, como los católicos tradicionalistas, Bolívar no fue más que un masón destinado a arder en las llamas del infierno. Las acciones de Bolívar son a la vez heroicas y traidoras.     

Si precisamos en los hechos históricos, fue su victoria y el significado que le damos a su gesta, la que nos ha mantenido con los ojos vendados con respecto a su verdadero pensamiento. Nuestras comunidades latinoamericanas se han venido justificando por la “corrección” del pensamiento bolivariano. Creo que muchos estarán convencidos de la idea de que la existencia de nuestros países libres y democráticos está justificada porque es buena en sí misma y, por lo tanto, nuestros predecesores fueron titulares de un derecho “natural” para constituir su propio Estado soberano.

Para explicar la necesidad e importancia de justificarnos recurro nuevamente a Borges. En su cuento Deutches Requiem un criminal nazi, en vísperas de su ejecución por crímenes de guerra, explicaba cómo para encontrarle sentido a nuestras vidas cada persona ve sus propios actos de forma positiva de manera de justificar nuestro paso por el mundo, se expresa de esta forma: "Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de agua o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre esa justificación es distinta;...". Para él, Christop zur Linde, subdirector del campo de exterminio de Tarnowitz, la justificación de sus actos criminales reside en que su vida era parte de un plan predeterminado, la imposición de la violencia frente a las debilidades de la religión dominante.

Asimismo, Raskolnikov buscó justificar la traición a la majestad de las sacrosantas leyes, en la magistral obra “Crimen y Castigo” de Dostoievski, mediante la elaboración de una teoría muy particular, que fue fundamental para atraerse las sospechas del fiscal en la novela. Esta teoría sostenía que en el mundo existen dos tipos de personas: las ordinarias y las extraordinarias; él mismo la experimentó, supuso que era una persona extraordinaria y esto lo impulsó a asesinar. Por otra parte, la frase Iván Karamazov “Si Dios no existe todo está permitido” justifica toda imposición normativa pues se espera una futura recompensa, vida eterna. En el momento de la explosión revolucionaria francesa, todos los más nefastos crímenes se justificaron por el ideal de libertad como no opresión; Madame Roland instantes antes de que su cabeza separada del resto de su cuerpo en la guillotina dijo: “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”.

Volviendo al tema de la gesta bolivariana, los movimientos revolucionarios de masas, en busca de inclusión e integración social, en nuestros días, reivindican su nombre y se hacen llamar bolivarianos, cuando el estudio de sus acciones y la lectura de sus cartas nos hace ver que Bolívar era todo menos un demócrata, dicho personaje era bonapartista. Luchó por la erradicación de los privilegios establecidos por la corana española pero conservó el status de las clases anteriormente privilegiadas, sin darle mayor importancia a la exclusión y marginación de gran parte de la población. Bolívar fue un absolutista, un elitista. No obstante, fue su victoria lo que nos hace verlo como héroe. El verdadero antecedente histórico revolucionario izquierdista de nuestra región fue la lucha de Tupac Amaru. 

Un acontecimiento paradigmático que ilustra de mejor manera mi argumentación, fue lo sucedido luego de la explosión de la Revolución Francesa. Napoleón Bonaparte, pasó de ser Napoleón I a “El Usurpador”. Luis XVI, soberano absoluto por derecho divino del Reino de Francia, pasó a ser Luis Capeto, ciudadano imputable, susceptible de ser juzgado por autoridades humanas. 

En contraste con el personaje heroico de Bolívar, tenemos a la figura del Che Guevara, quien tuvo como su principal ideal la abolición de la explotación del hombre por el hombre -socialismo. Los hechos demuestran (asesinato en Bolivia) que dio la vida por su ideal. Sin embargo, dentro de la narrativa imperante, la más poderosa por su violencia, que acalló a todas aquellas opuestas, al eliminar el hecho del pluralismo de las sociedades modernas, me refiero a la blanca occidental machista y judeo-cristiana, el Che Guevara no fue más que un guerrillero, aventurero, equivocado, asesino, que hoy en día sería calificado de terrorista. Todo lo cual, insisto, por ser derrotado. No tuvo suerte en el resultado, muchas victorias no dependen de la voluntad o del mérito del vencedor.

Al ahondar con mayor profundidad en los contextos o situaciones en que ambos personajes se desenvolvieron, vemos que Bolívar corrió con mayor suerte. A comienzos del siglo XIX las distancias del mundo eran mucho más largas. La corona española, el enemigo a derrotar, estaba al borde del declive, siendo superada por la industrializada Gran Bretaña. El imperio británico colaboró en la gesta independentista bolivariana con la única finalidad de crear pequeños y débiles estados (nuestras diez republiquetas sudamericanas) para crear mercados donde poder vender caro y comprar barato. Tampoco debemos olvidar que, para ese entonces, se encontraban en pleno auge las ideas de la reciente revolución francesa que fueron impuestas en Europa por el ejército napoleónico. En nuestra región, la primera mitad del siglo XIX fue una época muy favorable para los movimientos independentistas.

El Che Guevara, por otro lado, vivió en un contexto muy desfavorable para los movimientos izquierdistas, ya que el capitalismo era la ideología predominante que se encontraba en vigoroso ascenso. Latinoamérica, al estar dominada por las elites minoritarias, estaba alineada al capital imperialista. La diferencia entre Bolívar y el Che Guevara sólo consiste en el resultado de su empresa y no en la corrección de sus ideales. Dicho éxito, a su vez, depende de la situación o del contexto. Haber vivido a comienzos del siglo XIX no depende de un acto de voluntad sino de la suerte. Bolívar tuvo suerte situacional, el Che Guevara no. En nuestra región, la segunda mitad del siglo XX fue una época poco favorable para los movimientos revolucionarios.

Justifiquemos las acciones del Che: los tripulantes del Granma -barbudos de la Sierra Maestra- no derrocaron un régimen legítimo, elegido por la soberana voluntad popular cubana, sino un gobierno impuesto por la fuerza. Si suponemos que el pueblo cubano se identificaba con la guerrilla, entonces la violencia utilizada por el Che Guevara puede ser calificada como necesaria para ejercer la legítima defensa.

Por otro lado, el gobierno de Barrientos en Bolivia, que el Che intentó derrocar, tampoco era legítimo, era un gobierno sostenido por la fuerza militar, ya que Barrientos, previo a su período presidencial y siendo vicepresidente, dio un Golpe de Estado. La situación del Congo no era distinta del todo: dominación mediante la fuerza de grupos cuyos intereses estaban alineados con el poder colonial. Desde este punto de vista, el “guevarismo” (guerrilla) es semejante a la alianza victoriosa de la Segunda Guerra Mundial, formada para eliminar los “excesos” del fascismo.

En Cuba, el oficialismo y gran parte de la población consideran al Che Guevara como un héroe. Distinto es en Bolivia, ya que, dependiendo de las circunstancias políticas, el oficialismo lo verá como héroe a seguir o como ejemplo peligroso. Por otra parte, Bolívar es considerado un héroe en la totalidad de países de la región; aún cuando Karl Marx, crítico de las ciencias sociales del siglo XIX, sostuvo que “… su dictadura pronto evidenció una anarquía, al abandonar los asuntos más importantes en manos de favoritos, quienes malgastaron los fondos del país y luego recurrieron a medios abominables para reponerlos”.

Para finalizar propongo otro ejemplo: los heroicos padres fundadores de los Estados de la Unión no tuvieron un derecho tal de rebelión, apelaron a meras abstracciones elaboradas por filósofos iluminados, cuyas ideas no eran proposiciones susceptibles de verdad o falsedad, ya que no podían ser cotejadas mediante la evidencia empírica. Locke les brindó los argumentos teóricos que pretendían mostrar la existencia natural de ciertos derechos individuales, que según los traidores a la corona británica, el Rey Jorge III en parlamento no se los reconocía.
Por supuesto que los héroes de las trece ex colonias, no fueron consecuentes con las ideas defendidas, debido a que los sujetos de los derechos individuales, sólo eran los hombres blancos, excluyendo abiertamente a los negros, a los indios, chinos y mujeres en general. Los padres fundadores tampoco pueden ser considerados como héroes por la corrección de sus ideas y actos, sino porque se impusieron al orden anterior y fueron la base fundamental del actual dominante.

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