El pasado domingo se presentó en el sintonizado programa “En Portada” de Televisión Española un reportaje sobre la situación política, económica y social del Perú. En él participaron diversos ministros —Del Castillo, Araoz, Benavides— y líderes opositores —Ollanta Humala, Hernán Fuentes y Hugo Gonzáles—. Lourdes Flores brilló por su ausencia.
Pese a quien le pese, la imagen exterior del Perú ha mejorado en los últimos años. Europa ha comprendido que es posible negociar con el APRA y que García apuesta por la modernización. Los europeos sensatos —los que gobiernan, no los verdes o los comunistas reciclados— están habituados a contemplar cómo en América Latina, cada cierto tiempo, los huracanes tropicales del radicalismo arrasan con las inversiones y convierten en tierra bananera todo lo que tocan. En Europa, gobierne la izquierda o la derecha, los axiomas de la economía, con algunas variantes en el gasto social, son intocables. La estabilidad empresarial, el respeto a los convenios y las facilidades de inversión se han convertido en un sustituto del fuego sagrado. Con la economía nadie osa topar. De ella depende la estabilidad del sistema, el bipartidismo y la calidad de la democracia. Como muestra un botón: Pedro Solbes, ministro, socialista y gurú de las cuentas claras.
Algo de este talante se pudo percibir en el reportaje. El APRA reflejó el realismo propio de una izquierda acostumbrada a gobernar, consciente de los desafíos ineludibles de un mercado global. La renovación ideológica aprista no sorprende en la piel de toro. El pragmatismo de García es semejante al de Felipe González, factótum del reformismo socialista. Ruboriza, por el contrario, el populismo rabioso de Humala y su séquito, discípulos de Velasco, parientes cercanos de Chávez o, a lo más, demagogos que enarbolan la bandera de la pobreza por un vulgar rédito electoral.
Los periodistas ibéricos no erraron en la radiografía de nuestros políticos. Tampoco en la del país. Pese a señalar los grandes logros económicos de los últimos años, no omitieron la pobreza del sur y la ineficacia en la reconstrucción de Pisco. Ante estos problemas mayúsculos, frente a estas realidades que no se pueden ocultar, urge que el gobierno reaccione. Hay que gerenciar los recursos. El Ejecutivo tiene que volcarse en determinadas zonas. Es increíble como el Estado peruano te asfixia cuando no tiene que hacerlo y se transforma en un ente enclenque cuando más se precisa de él. La pobreza no puede esperar más. De lo contrario, ni el grado de inversión ni el TLC detendrán el derrumbe de nuestra imagen exterior y el colapso de una estabilidad que tanta sangre, sudor y lágrimas le ha costado al país. |