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Año 2 - Número 16 - Abril de 2008 - Guayaquil, Ecuador
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Por: Felipe Cabezas-Klaere
• Estudiante de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil.

HABLA USTED ¿O HABLO YO?

Con esta expresión ha pretendido callar a muchos ciudadanos cuando demuestran su inconformidad frente a sus erráticas decisiones. Pues señor Presidente, permítame hablar ahora, conjuntamente, creo yo, con un sinnúmero de ciudadanos.

Nos hemos ido olvidando de usted por prestar atención a las labores extracurriculares de la Asamblea Nacional Constituyente, que, por cierto, además de coadyuvar a sus equivocadas instrucciones, tan sólo ha aprobado un minúsculo grupo de artículos constitucionales.

Mas resulta apenas obvio que no podemos dejarlo a usted a un lado por su alta investidura.

Habiendo transcurrido ya más de un año desde su asunción del cargo sin haber jurado respetar la (actual) Constitución Política, es necesario por el curso indireccionado del país revisar, más que su virtud (que la tiene como lo indicaré), sus errores. No por simple fijación, así lo podría usted calificar, sino más bien porque aún está a tiempo para rectificar.

Conoce bien usted, como todo gobernante, que está en la obligación de rendir cuentas: hágalo, pero no informándonos qué platos degustó en Riobamba y etc.  Hágalo, aproveche que aún sigue sentado en el sillón más grande de Carondelet y que le restan algunos años más de gobierno (Dios y las Fuerzas Armadas lo permitan); no vaya a ser que cuando ya esté en su casa continuemos en lamentaciones y por no haberle exigido clara rendición de cuentas para saber qué hacer.

Virtud: sus manos limpias y su corazón ardiente. No dudo de su honestidad y sus nobles anhelos en construir un Ecuador más justo. Lamentablemente, como lo sabe bien, con aquello el pueblo no trabaja ni come; el pueblo quiere un cambio pero, por lo visto hasta hoy, aún tendrá que esperarlo. No hay generación de trabajo; no hay cambio visible.

Ahora bien, debo recalcarle que la época que a usted le ha tocado servirnos es única, poco común: ha gozado de gran apoyo popular en elecciones; el precio del petróleo (principal ingreso económico de la Patria) bordea los ciento quince dólares; tiene una Asamblea Constituyente de plenos poderes a sus pies, continúa desprestigiada la Función Electoral, y ni que decir de la Función Judicial (con honrosas excepciones). Sin lugar a dudas, ha tenido usted la posibilidad de adoptar decisiones políticas, económicas y sociales que tendrían al país en una posición favorable; la oportunidad de cambio ha sido lujosa. No obstante, es evidente que, a pesar de contar con todos estos propicios factores, los cuales ningún otro Presidente en las últimas décadas ha podido tener, le insisto, el Ecuador sigue igual: sin rumbo seguro alguno.
 
¿Errores? Veamos:

1. En primer lugar, ha tenido la oportunidad de castigar a quienes de alguna forma han desprestigiado a su gobierno. El gobierno “intachable” de la revolución ciudadana ha sido mancillado, por ejemplo por el Superintendente de Compañías por “comportamientos” conocidos por la Nación y por usted; sin embargo, usted ha salido en defensa de lo repudiado. Debe entender, usted, que por mucho que quiera y por muy inocente que sea el Superintendente de Compañías, él ya no puede continuar ejerciendo las funciones encomendadas, por tanto desafuero.

2. Una de sus erróneas propuestas fue la eliminación de las empresas tercerizadoras. Es innegable que la mayoría de estas empresas han cometido innumerables abusos respecto de los trabajadores; no obstante ¿a dónde irán a trabajar los perjudicados por la eliminación de dichas empresas? ¿Conoce usted cuántos empleados tercerizados tiene el Estado? ¿Acaso ha creado otras fuentes de trabajo? Sin lugar a dudas, las compañías tercerizadoras debían ser castigadas por sus “desmanes”, mas no sus trabajadores que irán a la calle. La solución no era eliminar la tercerización. Usted lo sabe.

3. Nuestro país goza de incalculables riquezas que no han sido explotadas por falta de inversión. Era deber de usted promover la inversión extranjera. Sin embargo, cada vez más, inversionistas salen espantados con sus políticas chavistas, a pesar de que otros lo visitan y le ofrecen invertir, dice usted.

4. Continúa culpando de todas nuestras desgracias a la caída partidocracia, a los pelucones de Guayaquil, a la banca privada, a los medios de comunicación y a la oposición. El pueblo ecuatoriano lo eligió no sólo para que se dedique a señalar culpables, sino también para que solucione sus problemas. ¿Cuánto tiempo más pretenderá hacernos creer que si suben los precios de los alimentos es por culpa de los rumores que crea la oposición para derrocar al gobierno?  ¿No es usted el más grande partidócrata de los últimos tiempos?

5. En vez de permitir el desarrollo nacional a través del progreso local querría usted encaminarnos nuevamente a un estado centralista, con su intento de dejar a los municipios sin posibilidad alguna de autodeterminación para sus habitantes.

6. En lo internacional, nos llevó del orgullo hasta la vergüenza por la impotencia ante las acusaciones del presidente colombiano Uribe y las computadoras de las FARC y de las inocentes estudiantes que dieron con precisión con las coordenadas de las FARC y fueron a vacacionar allá. Si es que realmente usted es inocente, aclare todas las acusaciones vertidas, para bien y tranquilidad de todos los ecuatorianos.

A propósito, le repito: ¿es verdad que no sabía usted que las FARC dormían y se divertían en nuestra sagrada Patria, desde hace tiempo?

Hasta ahora usted logra que se superen las injusticias: los pobres siguen siendo pobres y los ricos de dinero continúan siendo ricos. Todo sigue igual, sólo que en otras manos.

Permítame señalarle, señor Presidente, rectifique, el poder no es perpetuo. No vaya a ser que tanto usted como sus alzamanos sean castigados en el próximo referéndum y nos haya hecho perder a los ecuatorianos casi dos años, miserablemente.
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