La crisis colombo-ecuatoriano está lejos de solucionarse. Ese frío apretón de manos no significó nada. Ahora es cuando empieza la verdadera batalla, en el resbaladizo terreno de la opinión pública. El gobierno de Colombia ha reaccionado astutamente activando un encuadre (framing) mediático muy efectivo. La situación ha quedado enmarcada de la siguiente forma: 1. Fue un ataque en “defensa propia”. 2. El gobierno ecuatoriano mantiene contacto con las FARC. 3. El ataque queda justificado por la complicidad Quito-insurgentes. Todo queda reducido a una dialéctica de buenos y malos. Los principales medios colombianos han seguido el juego planeado fríamente desde Bogotá.
En España, la situación no es muy distinta. Los artículos de la edición del 12 de marzo de El País (“Tirofijo hace campaña electoral” y “Las FARC hallan refugio en Ecuador”) son el simple eco de las autoridades colombianas. Todas las gravísimas acusaciones de tales artículos se basan en dos fuentes primordiales. Primero, los propios militares colombianos, los cuales apoyan sus afirmaciones en unos ordenadores a prueba de bombas. En segundo lugar, citan a un tal “Miguel”, supuesto terrorista arrepentido, que por intermedio de las autoridades del mismo país acusa a Correa de haber buscado la ayuda financiera de los terroristas. Esto viola una de los principios primarios del periodismo: no se puede tener como fuente básica a una de las partes interesadas en el asunto. ¿Por qué la corresponsal no contrastó los datos contables de la campaña electoral de Correa? ¿Resulta creíble que un candidato a la presidencia cave su propia tumba de esta manera? ¿Pidiendo apoyo a las FARC? En Ecuador pocos ven a los terroristas amazónicos con buenos ojos. ¿Cómo es posible que se piense que un candidato al sillón presidencial ecuatoriano necesite apoyo de campaña de los guerrilleros guevaristas? En realidad todo es posible, pero acusaciones tan graves merecen, al menos, pruebas contundentes.
¿Qué pasaría el día de mañana si el ejército español decide bombardear alguna zona perdida en el Pirineo francés para aniquilar a un comando de ETA? Imaginemos un comunicado oficial intentando justificar tal acción porque se encontraron unos apuntes de un etarra en los que se habla de negociaciones entre la banda terrorista y el Elíseo. Al fin y al cabo, todos sabemos que hasta hace pocos años los terroristas vascos cruzaban con normalidad la frontera en busca de impunidad. Se sabe que aún hoy lo hacen, aunque quizás no con tanta comodidad. Nadie niega que los guerrilleros colombianos crucen la frontera cada vez que quieren para descansar y aprovisionarse. ¿Pero acaso eso justifica perpetrar una masacre en territorio extranjero? Ni la potencia gala puede controlar a los etarras que ingresan en su territorio, mucho menos un gobierno sin recursos en una selva impenetrable. ¿Sería justificable que el gobierno ecuatoriano haga lo mismo en terreno colombiano para atacar bandas del narcotráfico que, al fin y al cabo, matan más gente que la guerrilla? Hay muchos testimonios que vinculan la carrera de Alvaro Uribe al dinero de los capos de la droga, entre los cuales se encuentra el de una supuesta amante de Pablo Escobar que consta en una entrevista publicada en el diario El País del 14 de octubre de 2007. Se pueden consultar también las declaraciones del mafioso Fabio Ochoa a la revista Semana de Colombia. Siguiendo la lógica que se sigue en el Palacio de Nariño, con estas pruebas el bombardeo de las fuerzas armadas ecuatorianas estaría más que justificado.
La discusión no debe llevarse en términos de soberanías violadas, de casus belli, de afrentas nacionales, ni ninguna de las cursiladas con las que los gobernantes usualmente menosprecian y manipulan la inteligencia de los gobernados. Peor aún en un cruce de descalificaciones personales sin fundamento. Se trata de una ejecución sumaria pura y dura. Si los guerrilleros se merecían su suerte o no, ¿quién sabe? Pero incluso los nazis recibieron un juicio antes de ser castigados. Que se haya cometido en terreno ecuatoriano o colombiano, da igual. Lo importante es conocer si la acción fue desproporcionada, o no.
Un golpe de marketing, una dura lección al empresariado de la extorsión y el secuestro con sede en el Amazonas. De muchas formas se puede explicar lo sucedido en la selva sudamericana. Pero a las cosas se las llama por su nombre: se ha combatido a terroristas insurgentes con terrorismo de Estado. Y tan sólo una semanas después de jugar a los cowboys, Bogotá se rinde a los terroristas ofreciendo un canje de guerrilleros presos por rehenes. Todo esto resulta, cuando menos, incoherente. ¿Es necesario acaso palestinizar la rivera del Putumayo para derrotar la lacra de las FARC? Lo importante es buscar la verdad, sin dejarnos atrapar por el maniqueísmo oficialista aupado en el eco de una crítica hueca.
Resulta imperdonable que ciertos sectores de la izquierda no hayan ahogado el maligno fantasma del guevarismo recalcitrante. Es innegable. No obstante, en relación a la presente crisis andina debemos liberarnos de estrechos marcos y prejuicios ideológicos. No se trata de Bush o las Farc, de Chávez o Uribe, de izquierda o derecha. La selva amazónica deber ser exorcizada de todos sus demonios, no sólo de unos cuantos.
PD. Un pequeño consejo para el presidente: busque mejores asesores de comunicación, que sepan responder ante crisis como esta. Uribe demostró que estaba bien aconsejado en este frente, este es el resultado.
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