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Año 2 - Número 15 - Marzo de 2008 - Guayaquil, Ecuador
Alejandro Garro es uno de los referentes del derecho comparado en el panorama mundial. Profesor de la prestigiosa Escuela de Derecho de la Universidad de  Colombia en Nueva York, ha dedicado mucho de su tiempo al análisis de una de las figuras jurídicas más singulares del derecho americano, la “Ley de Reclamación de Extranjeros por Daños y Perjuicios” sancionada en 1789 (Alien Tort Claims Act of 1789 o “ATS”). Dicha norma ha originado, en años recientes, un importante auge de demandas ante la justicia norteamericana. Esta ley permite que ciudadanos extranjeros que buscan reparación por violaciones al derecho internacional, incluyendo abusos a los derechos humanos,  puedan reclamar daños y perjuicios contra el autor del daño ante un tribunal federal de los Estados Unidos, independientemente de la nacionalidad del demandado y aún cuando el acto ilícito haya tenido lugar fuera de los Estados Unidos.

Durante los últimos días hemos presenciado lo que aparenta ser  una de las peores crisis internacionales en la historia de la región andina. Desde el punto de vista del maquiavelismo estratégico, el presidente Álvaro Uribe se ha llevado el primer premio. Todo colombiano decente ve a las FARC como lo que son, una banda de delincuentes que, bajo pretextos ideológicos, manejan un aparato de crimen organizado muy lucrativo. Junto con el narcotráfico, los guerrilleros amazónicos son un lastre que la población del país andino soporta con resignación, un estigma que su gente enfrenta día a día con su trabajo, talento y esfuerzo. Para un bogotano o un caleño cualquier acción que infrinja un duro golpe a estos canallas es bienvenida, incluso a costa de un conflicto diplomático con sus vecinos.